No es nada nuevo escuchar hablar del envejecimiento de la sociedad española, pero en ocasiones aún así resulta sorprendente echarle un vistazo a las estadísticas. Las últimas décadas del siglo XX y estas dos primeras décadas del XXI marcan una tendencia al envejecimiento de la población. El número de españoles mayores a 65 años ha aumentado casi en un 22%, contra una disminución de la tasa de natalidad cercana al 15%. Las grandes ciudades españolas, como por ejemplo, Madrid, enfrentan desafíos como que por ejemplo, los jóvenes que van a entrar al mercado laboral son 20% menos de los que van a jubilarse, y la generación de habitantes de 15 años son menos de la mitad de los que tienen 35.

Pero ello palidece al pensar en la situación de los poblados más rurales, que son los que enfrentan una mayor escasez de nacimientos y gente joven, y donde el promedio de edad está en los 49 años. Existen numerosos poblados en la España rural en que no hay suficientes niños para que haya diversos grupos en las escuelas primarias. Escuelas con 10, 12, 14 niños, pocas mujeres embarazadas y escasos matrimonios que tengan más de un hijo.

En estos entornos rurales, el éxodo de la población hacia las ciudades en búsqueda de opciones laborales, es mayoritariamente femenino, puesto que las fuentes de empleo (agricultura, ganadería y construcción) demandan muchos más empleados hombres.

En este sentido, la llegada de mujeres migrantes para responder a la necesidad del cuidado de ancianos y ayuda a domicilio de los mismos, representa una esperanza de revitalización y poblamiento, puesto que estas jóvenes forman matrimonios mixtos con jóvenes españoles y tienen hijos.

Como podemos ver, el fenómeno del envejecimiento de la población es uno que se interconecta con otros importantes indicadores sociales como pueden ser la tasa de natalidad, la de empleo y desempleo, la movilidad y migraciones internas y la llegada de migrantes internacionales.

Todo ello se une para configurar el rostro de una sociedad que ante el desafío que le representa el envejecimiento, debe pensar tanto desde los ámbitos político y empresarial, como social e individual, en las medidas requeridas para proporcionar cuidados adecuados y un nivel de vida digno a este creciente sector de la población.

 

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