En la actualidad, sólo el 2% de la superficie de la tierra está ocupada por ciudades, pero se calcula que al llegar al año 2050, en las ciudades habitará el 70% de la población mundial, produciendo en estos asentamientos el 80% de las emisiones de dióxido de carbono.

Sin ponderar la trascendencia de estas estadísticas, y además de las cuestiones energéticas, las ciudades, sobre todo las más grandes, ya se enfrentan a numerosos problemas de recursos mobilidad, espacio, financiamiento; todos ellos problemas deben atacarse lo más pronto posible si una ciudad determinada desea atraer empresas, emprendedores, inversores y recursos, es decir, todos aquellos elementos que pueden incidir en la vitalidad de una ciudad.

En ese contexto, existe un nuevo concepto que cada vez llama más la aención: el de las “ciudades inteligentes” (traducción del concepto original en inglés “smart cities”). Esta noción hace referencia a ciudades modernas, capaces de llevar a cabo obras de infraestructura en cuestión hidráulica, eléctrica, aprovisionamiento de gas, transporte, servicios de emergencia, servicios públicos, construcción de edificios públicos y privados, certificación energética, etcétera, que sean duraderas y sustentables, que mejoren la comodidad de los ciudadanos y que sean eficaces, sobre todo en cuanto a desarrollo igualitario y respeto del ambiente.

Ciudades en todo el mundo pugnan por converttirse en la primera ciudad inteligente: Barcelona, Singapur, Berlín, Londres. Recordemos que una ciudad inteligente no busca ser sólo una ciudad conectada donde millones de datos se utilicen para proporcionar nuevos servicios, sino también una ciudad resiliente, eficiente en cuanto al uso de su energía y sus recursos, además de sustentable en cuestión económica y social.

Una ciudad inteligente no es, en la era de la revolución digital, una ciudad que permite un mejor control de la información y el tráfico urbano, sino una nueva forma de pensar una ciudad, los servicios urbanos y la interacción entre los actores con poder: inversores, gobierno, habitantes. La urbanización y la creciente complejidad del ambiente urbano, la importancia de los datos digitales, la necesidad de reducir el gato público: todos ellos son desafíos y oportunidades para una ciudad inteligente.

Para enfrentarlos, la ciudad que busca definirse como tal, desarrolla los servicios urbanos digtalmente para hacerse más eficiente, experimenta nuevas formas de colaboración entre el gobierno y las empresas para incrementar el beneficio, y hace a los ciudadanos co-autores de la cudad en la que viven.

 

 

El consumo energético es uno de los indicadores económicos que la humanidad no ha logrado reducir. En años anteriores (2012-2013)el consumo mundial de energía se incrementóo en un 1.4%, lo que aún así representa un logro, puesto que en la década anterior el crecimiento promedio era de un 2.3-2.5%. Los países que más incrementaron su consumo energético fueron los denominados BRICS, cuya demanda creció en un 3.6%. China mostró un descenso bastante fuerte, pues pasó de un incremento del 8% en el periodo comprendido entre 2010 y 2011, a un aumento de tan sólo un 4% en el siguiente periodo de dos años, ello fue en parte debido al decremento en su uso de carbón (que pasó de incrementarse en casi 10% a un 2.5%). La India alcanzó su más alto pico de consumo energético en el periodo, con un aumento de 5.1%. Le siguen Brasil, con un aumento del 4% y Sudáfrica con un 2%. El consumo de energía en Rusia sólo se incrementó en un 0.9%, debido a la caída en la demanda del consumo de gas. A la inversa, y de forma muy afortunada y por quinto año consecutivo, los países industrializados del G7 experimentaon una reducción en su demanda energética, en esta ocasión de un 1.6%. A excepción del Reino Unido y Alemania, los otros cinco países redujeron su consumo de energía. El punto más alto de reducción lo presentó Italia, con una caída del 4.2%. Un punto que ayuda a esta reducción en el consumo energético de los países industrializados es la legislación, que a escala industrial y habitacional, hace más estrictos y obligatorios los certificados energéticos. Otro factor que ha incidido en el descenso en el consumo de energía es el cambio climático. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los inviernos han sido menos severos. En condiciones climáticas normales, el consumo habría sido al menos un punto porcentual mayor. Por otro lado, en Europa los inviernos se han hecho más fríos, lo que impide un descenso mayor en el consumo de energía.

Los países que consumen mayor cantidad de energía son: China, los Estados Unidos, India, Rusia, Japón, Alemania, Corea del Sur, Canadá y Francia.

En cuanto al consumo particular de energía eléctrica, los países que más consumen son: China, los Estados Unidos, Japón, Rusia, India, Alemania, Canadá, Brasil, Corea del Sur y Francia.

China ha liderado el consum en el sector por casi cuatro años, y los BRICS en general, han sobrepasado el consumo de los países industralizados.