Un tema que resulta muy sensible tanto ecológica como económicamente, es el consumo de energía. Resulta inquietante que su aumento pueda derivar en desequilibrios financieros a escala nacional y comunitaria. O los riesgos ambientales que nacen de una planeación deficiente de los programas de consumo energético.

Además, existe la noción de que lo realmente importante es diseñar adecuadamente planes que optimicen el consumo energético a escala industrial o institucional. No se toma en cuenta el consumo en el hogar. Sin embargo, de acuerdo a cifras proporcionadas por estudios realizados por el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), la energía utilizada en los hogares, no es una cifra marginal que pueda ser dejada de lado:

Como se puede observar, si entre la cuarta y la tercera parte del consumo energético total es el que se lleva a cabo en los hogares, no es un tema que pueda ser tratado de forma tangencial. Por el contrario, si las tendencias continúan y este tipo de consuma se eleva aún más debido, por un lado, a la mejora en la capacidad adquisitiva, por los parámetros de calidad de vida que las personas esperan tener, entre otros factores, se debe ser muy cauteloso al ejecutar planes y estrategias que combinen este aumento con las normas de eficiencia energética vigentes.

En este contexto, para llegar a una mejora sensible en la eficiencia energética en los hogares, un punto focal es el uso de modelos de vanguardia tecnológica en calderas y sistemas de calefacción. Dentro del conjunto de las calderas que ofrecen las mayores ventajas, tanto en cuestión de eficiencia energética como de ahorro en el consumo de combustible para el consumidor final, se encuentran las calderas de condensación. Este tipo de artefactos de calefacción ofrecen una serie de ventajas respecto a las tradicionales, que empiezan por el ahorro factual en el bolsillo del usuario. A menor consumo de combustible, menor gasto. Así de sencillo. ¿A qué se debe esta disminución? A que una caldera de condensación, como por ejemplo, algunos de los modelos ofrecidos por Calderas Sime, utilizan dos fuentes de energía que solían ser desperdiciadas en la tecnología convencional: el calor del ambiente y el vapor producido en el funcionamiento mismo de la caldera.

El vapor de combustión solía ser poco más que un desecho e inclusive, un factor contaminante, pero con la tecnología de condensación, se recupera el calor contenido en los humos de la combustión. Ello permite, gracias a un proceso especial y al uso de materiales muy concretos (aleaciones aluminio-silicio, por ejemplo), la recuperación y aprovechamiento de esta energía.

Todo este proceso, hace que el cerca de 20% del consumo energético en el hogar que corresponde a la calefacción y al uso de agua caliente sanitaria (de acuerdo a datos proporcionados por el IDAE) se optimice, haciéndose más amable tanto con el medio ambiente como con el bolsillo del consumidor final.